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jueves, 18 de septiembre de 2014

STONEHENGE. El misterio de las piedras circulares.


El Cromlech de Stonehenge se considera el monumento megalítico más extraordinario y enigmático del mundo, pues desde la antigüedad ha despertado la atención y la admiración de los visitantes por su extraña y sorprendente arquitectura.
Se ha querido ver en él la obra de un pueblo al que hay que reconocer que la cuidadosa confirmación y perfecto acabado de los grandes monolitos que lo forman, el uso de piedras colocadas horizontalmente para la formación de los dinteles, y sobre todo la coherencia y armonía del conjunto como obra de arquitectura, ponen a Stonehenge por encima de las construcciones ordinarias megalíticas prehistóricas de Europa Occidental. Por ello no debe sorprender el interés de las gentes y la fama de Stonehenge. Durante centenares de años científicos e investigadores han rivalizado por encontrar el origen y significado de este monumento, pero, a pesar de tantas hipótesis, lo cierto es que el misterio del significado de sus ruinas sigue en pie.




Stonehenge está constituido por grandes bloques rectangulares de piedra ordenados en círculo y formando dinteles. Lo hayamos situado en el centro de un terreno rodeado por una zanja bastante profunda alrededor de la cual, hacia el interior, hay 50 hoyos circulares formando una circunferencia o anillo en torno al monumento. La mitad de estos hoyos o fosas, llamados de Autrey desde el siglo XVII, en honor de su descubridor, han sido excavados y marcados con cal, destacándose alrededor de Stonehenge como un enorme collar de grandes perlas blancas. Estos hoyos parecen ser túmulos de enterramientos, sin urnas ni objetos funerarios, pero con señales de cremación, como si se hubiesen utilizado para determinados sacrificios o ceremonias en hornos de ignorados dioses.
Es en el interior de este círculo donde se encuentra enclavado el conjunto arquitectónico de monolitos que forman el Cromlech de Stonehenge, el cual consta de dos partes: un círculo exterior que tiene un diámetro que supera los 100 metros y una construcción interior en forma de herradura. El primero de ellos estaba formado por 30 columnas unidas por un dintel continuo de bloques cortos, los cuales montaban encima de las columnas o monolitos de tal manera que cada uno se apoyaba en dos columnas consecutivas. Todas estas columnas o menhires son de una clase de piedra arenisca que se encuentra en los Marlborough Downs, a unos 30 km. al norte de Stonehenge, y cada uno pesa alrededor de 25 toneladas.






En cuanto a los dinteles, proceden también de la misma zona y pesan alrededor de 7 toneladas cada uno.
En cuanto a la construcción interior, consiste en cinco parejas de menhires de unas 45 toneladas coronadas por un enorme bloque que forman el dintel. En el centro de este conjunto interior hay una pieza de grandes dimensiones y forma de paralelepípedo que se le ha llamado el “altar”.
Hoy día, gracias al análisis por el carbono C-14 se ha podido precisar que este monumento tiene una antigüedad que se remonta hacia el 1845 a. de C., por lo que algunas teorías sobre su origen han tenido que desaparecer, dejando paso a lo que parece ser la verdadera historia de Stonhenge. Se supone que debieron iniciar su construcción como santuario religioso, excavando la zanja circular y los hoyos de Aubrey por medio de astas de ciervos y huesos de animales. Un siglo más tarde, alrededor del 1700 a. de C., Inglaterra fue invadida desde Holanda y la comarca del
Rin por los llamados pueblos de la cerámica campaniforme procedentes de la Península Ibérica que se habían extendido por casi toda Europa. A ellos se debería la construcción del conjunto megalítico formado por los dos círculos que hemos mencionado. Posteriormente, Stonehenge pasó por diversas fases de renovación y construcción cuyas fechas son imposibles de precisar. No obstante se cree que unos 1500 años antes de Cristo, quedó terminado en la forma que se ha conservado hasta nuestros días.




Su finalidad religiosa de adoración al Sol ofrece pocas dudas, puesto que su eje principal está exactamente situado en la dirección en la que el sol sale durante el solsticio de verano, el día más largo del año. Esta vinculación posiblemente estaría relacionada con la idea de resurrección y un claro simbolismo astrológico, por lo que se considera a Stonehenge además de haber sido un observatorio para el cálculo de fenómenos astronómicos, también como un templo para el culto solar.
El caso de Stonehenge simboliza la situación de toda construcción megalítica que está en uso durante bastante tiempo: la selección y preparación del lugar, la extracción, traslado y colocación de los grandes bloques de piedra y las diversas remodelaciones del espacio necesitaron la actuación coordinada de especialistas y de un peonaje numeroso. La Arqueología experimental ha intentado reproducir el enorme esfuerzo que supuso en el megalitismo la manipulación de piedras tan grandes, cuando no se debía disponer de fuerza de tracción animal y sólo de un utillaje –palancas, rodillos, planos inclinados, cuerdas- bastante elemental.